José Sánchez, toda una vida dedicada a ayudar a “sus niños”.
Hace muchos años, cuando los hispanos en Oklahoma éramos menos, muchos menos, asistimos a la premiación de don José Sánchez, como uno de los valores de la comunidad hispana de ese entonces.
Los premios públicos a don José se detuvieron, pero él no.
No necesitaba de reconocimientos en fiestas engalanadas en lujosos salones donde se pudiera codear con sonrientes políticos, mientras sus amigos seguian sirviendo las comidas de turno.
El señor Sánchez siguió trabajando y, manejando como entonces su Chevrolet Venture marrón y siguió enseñándole a los niños hispanos a jugar el fútbol. El balonpié hispano, mexicano.
Aquel donde al entrenador se le responde con un “si señor”, o se da uno tres vueltas a la cancha para recordar con quien se está hablando.
Este año ya se le cumplen 25 al Señor Sánchez de venir haciendo lo mismo. Han sido 25 generaciones de niños hispanos los que lo han seguido, junto a sus padres, en incansables noches que no conocen de la solemnidad de las academias o escuelas deportivas de mucha paga.
Y la ceremonia se le vino con una noticia más bien triste ya que el Club de Niños y Niñas, donde venía trabajando desde hace más de 9 años decidió simplemente “reestructurar” el programa de fútbol para niños, donde –y ellos lo remarcan- Sánchez era el entrenador de medio tiempo. El Club de Niños y Niñas, trabaja con fondos del United Way.
“No es algo que me quite el sueño”, dice Sánchez, refiriéndose a la actitud del club, que ha manifestado su intención de seguir “atendiendo las necesidades de la niñez hispana, en la temporada que se inicia ahora mismo en febrero”.
El cambio de Sánchez y la “necesidad de reestructurar” el programa pocos días antes del inicio de la temporada, sin embargo, son dos cosas que carecen de lógica.
Pero este tipo de tropiezos no son nada nuevo para Sánchez, quien sin perder un momento trasladó sus “alumnos” al local de la Iglesia Trinity del norte de la Ciudad de Oklahoma, donde sus alumnos continúan recibiendo las clases, de fútbol y de comportamiento ante los sinsabores de la vida.
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“Aquí le robamos el tiempo a las pandillas, peleamos con ellos uno a uno por nuestros niños, para que elijan el lado bueno de la vida”
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Sánchez maneja ahora otra modesta camioneta para llevar sus pertrechos deportivos, para enseñar.
La Venture marrón acaba de ser vencida por el tiempo y le ha dado paso a otra menos acabada, pero el promete no darse por vencido.
“Mis alumnos no solo aprenden a jugar conmigo. Aquí le robamos el tiempo a las pandillas, peleamos con ellos uno a uno por nuestros niños, para que elijan el lado bueno de la vida”, nos dice Sánchez, más señor que nunca.
Según sus propios cálculos, cerca de 10 mil jóvenes de todos estos años han pasado por sus manos. Un record que no lo va a vencer ninguna “reestructuración” o el olvido de nuestros propios “líderes”.
“Ellos también usan este tipo de conocimiento del deporte para lograr becas a la universidad”, finaliza Don José, y apenas de despedirse se vuelve hacia un pequeño juguetón...
- “...a ver Pepe, tres vueltas a la cancha para que se le quite lo travieso...” - “Si, señor”, grita el chiquillo y se arranca a correr contento.
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