
Santa Fe de Bogotá es ladrillo y laderas, cerros y siluetas desnudas, con piel de arcilla cocida de color anaranjado. Históricamente América Latina ha absorbido y adoptado diversas tendencias y materiales traídos de ultramar en multiplicidad de formas que se combinaron con las costumbres y los materiales autóctonos. Este proceso de adopción y adaptación de las tendencias europeas ha sido una constante en el devenir latinoamericano, y ha arrojado elementos y creaciones propias que forman su identidad. Bogotá, capital de Colombia, es un bonito ejemplo de fusión entre la herencia colonial y la adaptación de formas y estilos europeos que, a su vez, contienen un inconfundible sello criollo, acorde con su geografía: una altiplanicie de 2.600 metros de altura ubicada en la Cordillera Central.
Existen varios arquitectos que le han impreso su definida personalidad moderna. Rogelio Salmona, Dicken Castro, Fernando Martínez Sanabria, que se decantaron por el ladrillo como sello distintivo por sus calidades técnicas, su textura, sus cualidades cromáticas y ambientales y la facilidad de una obtención simple y económica. Alrededor de la ciudad hay numerosas canteras que proveen la materia prima con que se elaboran los ladrillos, que son simplemente arcilla cocida. En este estilo arquitectónico, característico de los años 60, carente de ornamentación que propone la vista descubierta, el ladrillo muestra una desnudez que resalta la silueta de las edificaciones que, en conjunto, adoptan una singularidad y belleza particular. Glamour y restauración Bogotá, es hoy considerada una de las capitales latinoamericanas con mayor desarrollo y ofrece al visitante comodidad y diversidad en restauración, hostelería y cultura. La ciudad posee distintas zonas de entretenimiento que reúnen modernos restaurantes y bares, centros comerciales, boutiques de moda, artesanías y decoración, museos y teatros. Destacan la Candelaria, la Zona Rosa, La G, La T y el Parque de la 94.
La Candelaria es un barrio colonial que se encuentra en el centro de Bogotá. Tiene bellas casas coloniales con techos de tejas y amplios patios interiores; las iglesias antiguas, legado de la conquista; los monumentos nacionales; el Museo del Oro, que recoge ricas muestras y piezas de las culturas indígenas de la región; y el Museo Botero, la colección de arte donada por el maestro colombiano Fernando Botero, le imprimen una riqueza especial y única. Dentro de este barrio se encuentra la Zona Rosa, llamada así por ser un centro lujoso de ocio y entretenimiento que cuenta con varios centros comerciales, El Centro Andino, El Retiro y Atlantis, donde se reúnen las más prestigiosas firmas de ropa, calzado, y joyas, además de un selecto grupo de restaurantes, bares y salas de cine. En la Zona Rosa se ubica una conocida calle en forma de T, que toma su nombre de esta letra, donde se encuentran algunos de los restaurantes más lujosos y modernos que ofrecen en sus cartas comidas de diferentes países, como Harry Sasson (asiático), Viva María, Luna (italiano) y Balzac (francés). En el norte de la ciudad, en la calle 94, existe un parque rectangular que toma su nombre de la calle que lo hospeda, rodeado de comercios, restaurantes y cafés, tales como El Corral Gourmet (hamburguesas), El Salto del Ángel (comida internacional), Café Renault (internacional) o Wok (asiático), entre otros. Desde hace un par de años los restauradores comenzaron a abrir nuevos y exclusivos espacios dedicados a la cocina moderna en una zona residencial construida en la falda de la montaña. Se trata de la zona G, denominada así en alusión a la cocina Gourmet. Los locales más conocidos son: Harry’s Bar, (carnes), Criterion (francés), La Barra (español), Teriyaki (asiático), Tony Romas (americano), Cigalle (francés), Oyster’s Bar (mariscos), entre otros. En definitiva, Bogotá es hoy una ciudad luminosa, que cuenta con un clima ideal que oscila entre los 16 y 21 grados C° todo el año, protegida por una cadena montañosa cuya vegetación y colorido impregna la ciudad, y que promete convertirse en una referencia de modernismo, diseño, creación y cultura dentro del continente latinoamericano. Gastronomía En Bogotá es posible encontrar restaurantes de comida típica, internacional y especializada en diferentes lugares de la ciudad. Los principales sectores de restaurantes internacionales son Usaquén, la Zona G, La Candelaria y el Centro Internacional. Dentro de los platos típicos bogotanos se puede destacar el ajiaco santafereño, que es una sopa preparada con pollo, papa de diferentes variedades, mazorca y guascas (una especie), usualmente se le adiciona crema de leche y alcaparras y se acompaña de aguacate y una deliciosa crema de curuba. También es muy tradicional consumir tamal con chocolate; el tamal colombiano es una pasta de masa de maíz con carne o pollo, garbanzo, zanahoria y condimentos, envuelto en hojas de plátano y cocido al vapor. Por supuesto nadie se puede ir de Bogotá sin degustar desde el omnipresente “tinto”, hasta infinitos platos preparados todos con café 100% colombiano. Asimismo, los principales postres típicos de la ciudad son las brevas con arequipe, fresas con crema, postre de natas, colaciones y cuajada con melao. El Canelazo es una bebida del Altiplano Cundiboyacense que se prepara con agua de panela, aguardiente y canela, y se consume caliente. En los alrededores de la ciudad se ubican sitios de encuentro para degustar almojábanas (panecillos de harina de maíz, cuajada y queso), garullas (id. de harina de maíz), el pan de yuca (id. de harina de yuca), avenas y masatos (panecillos de harina de quinoa), productos que hablan de las costumbres alimenticias típicas de la ciudad. Rumba y Fiesta Bogotá cuenta con varias zonas de discotecas, bares y cafés. Dentro de estas se cuentan: La Macarena, ubicada en cercanías al Centro de la ciudad, en donde hay bares frecuentados por universitarios.
La tradicional Zona Rosa, ubicada en el barrio El Chicó en inmediaciones del Centro Comercial Centro Andino, al norte de la capital. Dentro de esta zona se encuentra la zona “T” que es un área de exclusivos restaurantes. El Parque de la 93, ubicado en el El Chicó, al norte de Bogotá. Reúne alrededor y en las inmediaciones del parque, numerosos hoteles, bares, restaurantes, discotecas, cafés y centros de diseño y moda. Usaquén, una de las localidades más al norte en la capital. Hacia el costado oriental de la Carrera Séptima entre calles 116 y 120, en medio de casonas republicanas y vías peatonales, se encuentran numerosos bares, discotecas y cafés. La Calera, un municipio vecino a Bogotá, reúne numerosas discotecas visitadas especialmente durante la noche, aprovechando la excelente vista que se tiene sobre la capital. Otras zonas de ocio ubicadas al sur de la ciudad son la Avenida Primero de Mayo a la altura de la Avenida Boyacá y el barrio Restrepo. Además, está creciendo una destacada zona de bares y discotecas en las cercanías del municipio vecino de Chía. Para la celebración de conciertos se han utilizado el Parque Jaime Duque, el Autódromo de Tocancipá y hasta hace poco, el Castillo Marroquín (obra arquitectónica construida a finales del siglo XIX por el presidente del mismo nombre). Estos establecimientos, por estar fuera de la jurisdicción de la ciudad no están bajo la “Ley Zanahoria” (que obliga a cerrar los sitios o eventos públicos a las 3:00 am). Chapinero en donde están ubicadas varias universidades y se encuentra en un punto central y de fácil acceso. La “Zona C” ubicada en el sector de La Candelaria está compuesta por un grupo de 30 restaurantes y 20 joyerías, que en conjunto, buscan ofrecer un espacio alternativo de entretenimiento en Bogotá. Los lugares que allí se encuentran están a la altura de los que se encuentran en otras zonas como “la T” y “la G”. Además, el valor agregado de esta zona es que el entorno está conformado por el patrimonio histórico y arquitectónico de la capital. Grandes arquitectos y artistas Fernando Martínez Sanabria (1925-1991) es uno de los mayores exponentes de la arquitectura moderna colombiana. Trabajó con el conocido arquitecto franco suizo Le Corbusier, y su trabajo se caracteriza por la utilización de concreto y ladrillo, el acoplamiento con el espacio circundante, el diseño de interiores, los muros curvos, la utilización de diferentes niveles, los techos inclinados, las aperturas y la funcionalidad. Rogelio Salmona (1929) desde niño tuvo una cuya relación afectuosa con el ladrillo bogotano al que sólo “le falta el alma y el corazón del arquitecto” para adquirir nobleza y expresión. Salmona, discípulo de Le Corbusier, se convirtió en el primer latinoamericano en recibir el premio Alvar Aalto (2003) en Finlandia, considerado uno de los más importantes del mundo y fue galardonado cuatro veces con el Premio Nacional de Arquitectura de Colombia. El arquitecto y diseñador gráfico, Dicken Castro (Medellín, 1922) fue uno de los primeros en utilizar el ladrillo a la vista en el diseño de interiores y en los muros de sus edificaciones. Castro consideró importante involucrar en la arquitectura regional los elementos que producía la zona. Todos coincidieron en utilizar los materiales de la región para crear y construir modernas y auténticas edificaciones que a su vez, se acoplaran a la geografía del lugar. Edificios escalonados en las montañas, amplitud y funcionalidad de los espacios, chimeneas que combatían el frío de la altura, y siempre el ladrillo, que contrasta en color con el verde y marrón de las montañas. Un carácter sencillo y austero, para un entorno de cumbres y cadenas montañosas. - (EFE-Resumen de Agencias)
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