| Lo que nos une y lo que nos separa |
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| Escrito por Luis Álvarez |
| Jueves 02 de Julio de 2009 20:34 |
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Es un asunto de tozudez enfermiza, casi demencial. Pero lo cierto es que los seres humanos de aquí, de allá y de acullá nos empeñamos siempre en buscar siempre el punto negro en la pared blanca.
Parece que para todos, desde los políticos hasta los ciudadanos de a pie, es más fácil confrontar que consensuar.
Centroamérica, por ejemplo, tiene un sempiterno lío con su integración y no parece haber fuerza humana capaz de ponerle coto a las diferencias entre unos y otros.
Unos quieren entrarle duro a la integración política, otros solo apuestan a acuerdos económicos y hay quienes parecen no querer ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario.
Como el niño que se queda con la pelota y no quiere dejar jugar a sus amiguitos, Nicaragua se resistía en los últimos días a entregarle a Costa Rica la presidencia temporal del Sistema de la Integración Centroamérica (SICA), bajo el pretexto de que San José elude los planes integracionistas de sus vecinos.
Desde Managua hasta se buscaba hacer causa común con otros vecinos para despojar a Costa Rica de la dirección temporal de esa entidad regional.
Desde San José, la soberbia de su presidente, Oscar Arias, lo ha hecho gritar a los cuatros vientos que los organismos de integración regional son entes estériles que poco contribuyen a los planes unionistas.
Cada cual con su sambenito, pero ninguno dispuesto a conciliar, a buscar puntos de acercamiento que enrumben a la región al menos a acuerdos parciales sobre los temas en los que sí hay coincidencias.
Y así, bajo ese esquema, el Parlamento Centroamericano es apenas el foro donde confluyen apenas algunos de los países centroamericanos porque otros ni se suman a él ni buscan medios alternativos para forjar acercamientos.
Tampoco funcionan los planes para un acuerdo de asociación económica con Europa porque algunos vivillos en la región quieren poner tantas condiciones que tornan los planes imposibles.
Hay tantos elementos en común en la región centroamericana: economía, cultura e inmigración son enlaces innegables que se agigantan día con día.
Sí lo vemos desde el ángulo de los flagelos, el narcotráfico, la delincuencia pandilleril y la recesión económica son retos gigantes que merecen atención conjunta pues a todos castiga por igual.
Pero esta visión no es patrimonio de Centroamérica. Más al sur, desde la cabeza del eje bolivariano, se lanzan cada día ácidas diatribas contra todo lo que huela a capitalismo y sus seguidores.
Esto aunque Estados Unidos sea el mejor cliente de Venezuela en lo que al negocio del petróleo se refiere.
Todo ello no es más que el viejo esquema de atacar, agredir y lastimar para mostrarse fuerte, aunque a la larga, y también a la corta, los efectos sean más perniciosos para todos.
Se requiere más valor, más madurez para consensuar que para disentir. La grandeza se demuestra cuando pueden reconocerse virtudes en el adversario, cuando pueden identificarse los puntos que nos unen y no los elementos que nos separan.
Aquí, en estas tierras del norte, es un mensaje que comienza a calar con más fuerza entre los inmigrantes que ven su unión, sin importar su origen, como la tabla de salvación para salir adelante en este país.
Ya no hay que contar si somos mexicanos, centroamericanos, venezolanos o gringos. El barco es el mismo y a todos nos conviene que llegue a buen puerto. Ese es el mundo sin fronteras que todos merecemos.
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